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Martes, 03 Noviembre 2015 10:59

¿Qué hacen un Israelí, una siria, una brasileña, ...

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¿Qué hacen un Israelí, una siria, una brasileña, una francesa, un inglés y dos españolas en una habitación? La cosa se complica si,...

además, añadimos a estas lenguas la de signos y la alemana. Así, de golpe…podrían ser los protagonistas de un chiste en el que se produce un fatal malentendido final que, seguramente, dejará a uno de ellos en ridículo o en el que otro acaba demostrando su superioridad sobre el resto atendiendo a cualquier cliché manido. Afortunadamente para los que estábamos en esa habitación no fue así. Como veis, comenzamos el nuevo curso con nuestro proyecto plurilingüe más plurilingües que nunca. Ilusionados como el primer día, reconociendo nuevas caras y nuevos sonidos, nuestro laboratorio poco a poco se va consolidando como un espacio de puro aprendizaje y descubrimiento.

Sabemos que el plurilingüismo es la capacidad de simultanear varias lenguas en nuestra competencia comunicativa  -ya haya sido adquirida en nuestro entorno cultural o en el académico- y la capacidad de crear interacción entre estas varias lenguas, de manera que nuestra competencia comunicativa se siga desarrollando. Por otro lado, hablamos de multilingüismo cuando las distintas lenguas coexisten en la misma sociedad. Bien, en nuestro laboratorio, conseguimos reunir las dos cosas haciendo que todas las lenguas posibles coexistan, interactúen, fluyan, se muevan en la misma dirección, llegando a crear verdaderas interacciones multilingües, plurilingües, entre una persona hablando lengua de signos y otra hablando polaco. Tenemos nuestra propia torre de Babel, pero una  de la que no huimos, sino en la que nos reunimos para compartir nuestras distintas lenguas, para transmitirlas, comprenderlas y compartirlas. 

Y, ¿cómo lo hicimos? Pues, ¡jugando! Tuvimos la suerte en nuestro primer encuentro del año de ver ampliada nuestra plantilla teatrilingüística con músicos, actores, bailarinas y actrices. Incluso una dentista pediátrica. Todo un lujo. El resultado fue una maravillosa sesión en la que aprendimos las primeras letras del alfabeto hebreo gracias a la magia del ritmo; algunos de los verbos más importantes del portugués, bailando, claro; exploramos varios sonidos del árabe, gracias a la asociación de los mismos con los sonidos producidos en una licuadora, por ejemplo; los trabalenguas en francés nos enseñaron algunos secretos de su pronunciación y gracias a Mercedes Sosa, hicimos una pequeña incursión en la lengua de signos.
Mucha gente pensará que para aprender idiomas hay que sentarse con un cuaderno y un libro y armarse de paciencia pero, definitivamente, esa no es nuestra apuesta. Nosotros apostamos por el teatro y su magia, por la música y su poder, por el contacto mano con mano, con la escucha interna y de nuestro entorno y por las miradas que transmiten confianza, las que nos invitan a entrar de lleno, no solo en la lengua, sino en la cultura del otro, gracias a la cual, nos acercamos más a entender el por qué de nuestras diferencias y nuestras similitudes. Aprender jugando es la mejor manera de hacerlo. Creemos que, de este modo, la adquisición del lenguaje se transforma en un proceso natural en el que enriquecemos nuestras competencias comunicativas gracias a las aportaciones de las otras lenguas, tan distintas a veces de la nuestra, aumentando nuestras capacidades y destrezas. Nos olvidamos de cualquier tipo de presión, dejamos los miedos y las inseguridades fuera del aula que no deja de serlo por no tener sillas o mesas y nos dedicamos a sentirnos libres para recibir todo lo que seamos capaces de absorber. Seguiremos explorando por este camino, sin duda, porque confiamos en que nos llevará lejos.

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